Nuestras columnas van firmadas y señaladas. Las ideas se discuten con ideas.
Cada peso que el Estado no gasta de más es un peso que no te sacan del bolsillo con el impuesto inflacionario. El equilibrio fiscal es moral antes que técnico.
Mientras el populismo pide "sesión especial" por la morosidad, olvida que fundió al que quería progresar. El mérito no es una mala palabra.
Ningún plan asistencial le devuelve al jubilado lo que le roba la inflación. Defender el peso es defender al que menos tiene.
Cada registro que cierra y cada trámite que se digitaliza es una traba menos para el que emprende. El Estado deja de ser un peaje.
Durante dos décadas nos vendieron que la inflación era un misterio y que el gasto era progresista. Los números, tercos, dijeron otra cosa.
Acostumbrarnos a que el Estado no gaste lo que no tiene no es solo economía: es un cambio de época y de mentalidad.