Durante años, el argentino se despertó mirando el dólar. Era el termómetro de la angustia: cada salto anticipaba más inflación, más incertidumbre, menos futuro. Hoy, el oficial cotiza a $1.530 y el blue a $1.545, con una brecha mínima. Y lo más importante: es una noticia aburrida.
Que el dólar sea aburrido es, en realidad, una conquista. Significa que dejó de ser la variable que ordena la vida económica de las familias y las empresas. Cuando la moneda es previsible, se puede planificar, invertir y ahorrar.
La mejor política cambiaria es la que logra que nadie hable de política cambiaria.
Qué hay detrás de la calma
La estabilidad no es magia ni suerte: es el resultado de un ancla fiscal y monetaria. Con las cuentas públicas ordenadas y un Banco Central al que se le prohíbe financiar el déficit, desaparece el combustible de la corrida. La reforma de la Carta Orgánica que acaba de obtener media sanción va exactamente en esa dirección.
El desafío hacia adelante es que esta calma se traduzca en inversión y empleo privado. La estabilidad es la condición necesaria; el crecimiento genuino, la tarea que sigue.